Blogia
alcabor

Personas

"la collares"

"la collares" Siempre me ha intrigado el poder de la memoria de los mayores. Al menos esa memoria a  largo plazo, que les permite delinear a mano alzada acontecimientos olvidados por la historia oficial, o que pasaron desapercibidos en la crónica escrita. Y aunque me pasa con frecuencia, no dejo de asombrarme, ni de envidiar esa facilidad para relatar, tal vez desarrollada por el hábito de la conversación, lejos de la prisa y del impacto de la imagen que hoy nos domina. Hablaba con una de mis confidentes entradas en años, mayor, pero no vieja – insiste - , habitual de la plaza del Torico en sus años de vida laboral, y al hilo de recuerdos, acabamos hablando de Nieves, la moza del cántaro. Se confundió lo que no era sino un piropo con la realidad y su imagen flamenca, y se le tomó por la modelo de la escultura de Victorio Macho, en el monumento a José Torán.Si poco sabemos de Victorio Macho, tampoco es extraño que poco se haya hablado de la modelo que prestó su figura elegante al artista para quedar inmortalizada junto a la Fuente de Torán. Pero las hemerotecas siempre nos echan una mano. Hace unos meses, cercano el comienzo del otoño, otro momento de conversación, en otro lugar, nos llevó a recordar la inauguración del conjunto escultórico, el 17 de marzo de 1935… el recorrido en perfecta formación desde la calle de Carrasco hasta el Viaducto con doña Venancia, directora de las Escuelas Graduadas y doña Carmen Albalate, profesora de labores y dibujo, el momento que culminaba las gestiones emprendidas tras la muerte de José Torán el 18 de enero de 1932, cuando el Ayuntamiento de Teruel acordó contribuir a la suscripción abierta pro monumento a Torán con diez mil pesetas, que serían cinco mil en 1933 y otras cinco mil en 1934. Las actas del Ayuntamiento recogen la actuación del concejal José Anduj en nombre de la Comisión Pro-monumento y la concesión de la licencia para el mismo, con arreglo al proyecto de Victorio Macho, escultor entonces de moda en Madrid.Y así, Victorio Macho desapareció de la vida de Teruel, sin duda por sus ideas republicanas, que él mismo matiza al detalle en sus memorias. Pero el domingo 22 de septiembre de 2002, el suplemento Magazine del diario El Mundo traía un reportaje sobre Julio Romero de Torres y sus modelos. Una de ellas, no la famosa Piconera, entrevistada en este reportaje, era Concepción Cabezón, de 97 años de edad, y alojada en una residencia de ancianos de Riaza (Segovia) desde 1988. Posó para el pintor en los últimos años de éste, cuando ya se encontraba enfermo, no en vano moriría en 1930, y resulta que a través de él conoció a Victorio Macho, amigo del pintor, y de quien se enamoró y mantuvo una relación sentimental que duraría años. Afirma el autor del reportaje que “en su juventud, Concepción reunía todas las condiciones para ser pintada por Julio Romero de Torres: ojos grandes, morena, pelo largo, ancha de caderas (…) y prácticamente no recuerda nada de sus años de entonces. Pasa el día rezando con su compañera de habitación y cantando las coplas de la época con una voz muy fina. No le gusta recordar ‘poque me da pena por toda la gente que ya se fue’, dice con un humor incombustible al paso del tiempo.”Concha Cabezón, como recoge la necrológica del diario El País de septiembre de 2003, falleció en su lugar de retiro, al pie de la sierra “donde era habitual verla con un clavel rojo sujeto al pelo. Apodada cariñosamente por sus compañeros como la collares, por la cantidad de complementos de belleza que se colocaba a diario. Cabezón apostó siempre por las modelos rellenitas, como aseguraba que era ella en su juventud, frente a las de ahora que, a su juicio, están muy delgadas.” Curiosa  y oportuna la referencia de la anciana modelo a lo que ocurre estos días de pasarelas y anorexia, cuando el poder de los medios de comunicación extiende una imagen distorsionada e interesada de la mujer. Y vuelvo a recordar a Nieves, que en el imaginario de nuestros padres, siempre será la moza del cántaro, porque, como escribió Victorio Macho en sus memorias, “por el arte se alcanza la inmortalidad”.

Antonio Beltrán. La sabiduría

¿En eso consiste la sabiduría, en contentarse con lo sencillo?

No sé qué es la sabiduría, pero flota en el ambiente: está en las casas, en las piedras, en los libros, y en lo que se aprende de las personas, que nunca es suficiente.

 

Antonio Beltrán, en una entrevista de Mariano García, en Heraldo de Aragón, domingo 19 de marzo de 2006, última página

Carta a Pérez Reverte - A propósito de los gazapos en la literatura. Y más

…¿Y si el Coyote intenta colarla?

Soy lector. Y me gusta la historia. Y los autores que cuentan historias. Pero nunca, lo confieso, busco el gazapo, y nunca hubiera pensado que el autor me pusiera trampas. Impresionante, pero me sigo viendo incapaz de ir a cazarle. Su “venganza del Coyote” me recuerda lo que hizo en Teruel hace un par de años un afamado escritor, funcionario de la administración local en origen, que vino a dar unas charlas (de verdad, mirando el reloj, a ver cuándo acaba el martirio de ir a centros de enseñanza a hablar, el pobre) y en una conferencia para los culturetas de la ciudad en la sala de la obra cultural de una caja de ahorros, ofreció, identificándose con los problemas y los vivires de su audiencia, un relato sobre el abuelo nosequé… Nos llegó al corazón. Se identificaba con esta tierra olvidada, como la que le había visto nacer a él y que ahora ha convertido en espacio mítico y mágico… Todo el mundo a punto de echar el moco. A la salida, todo eran elogios: qué detalle ofrecer a esta tierra pobre y olvidada un relato inédito, ni más ni menos…

Al día siguiente, el amigo cazagazapos pone en marcha su memoria, busca en su archivo de recortes de periódico, y zas, encuentra el dichoso cuento inédito, que había aparecido publicado en el cultural de un diario nacional.

Lo que jode (sin perdón) encontrarse con un tío que nos toma por gilipollas. Y peor, analfabetos.

Un saludo

Rafael Esteban

El Cielo tiene una pedanía

Llegábamos al colegio, con nuestros pantalones cortos y los ojos abiertos a todo tipo de sensaciones nuevas, algunos llorosos tras el estreno de internado, y nos encontramos contigo. Nos sorprendías. Un día una canción que entonabas sin más medios que tu voz (cuántos ratos con las Ten Green Bottles Standing on the Wall, con Yellow Submarine o con Old McDonald had a farm, agarrados unos a otros, cantando a coro), otro día un reloj de cartulina para enseñarnos las horas, o tus franelogramas, lo último en enseñanza de inglés entonces...

 

Pasó el colegio, y la academia Omnia, años de inglés minoritario, una novedad, con  Peter and Molly y magnetofones enormes. Luego vinieron  los viajes desinteresados a Valencia, a la Escuela Oficial de Idiomas, con alumnos que te miraban asombrados y escuchaban tus consejos de última hora antes del examen. Te veía alguna tarde en el estanco, dentro, fuera, saludando a tanta gente que apreciabas y que también te apreciaba a ti...

 

Tus amigos decían que eras el alcalde pedáneo del Óvalo. Y era un título que merecías, por tu don de gentes, por esa fuerza que transmitías, cuando al irnos haciendo mayores te confiábamos  nuestras dudas o nuestros temores, y tú, fija la mirada, nos decías “maño, tu siempre palante, no te me vayas a doblar ahora”. Cuánto agradecimos tu sinceridad, siempre con la verdad por delante, sin renunciar nunca a decir lo  que pensabas, y con esa sensibilidad, envuelta en cariño recio, que te llevó a ayudar a quienes sabías que te necesitaban.

 

Me pediste que rezara por ti, al menos un Padre Nuestro, en vísperas de una operación...te hice caso, te agradecí que me pidieras ese favor...y sigo agradecido. Y estoy convencido de  que el Cielo tiene una pedanía, un trocico con una puerta a la calle desde la que seguirás saludando a tanta gente que te aprecia y que a lo mejor, al llegar,  pregunta por ti.