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Jesús Marchamalo - La tienda de las palabras

Jesús Marchamalo - La tienda de las palabras

"La lluvia dibuja un escenario de irrealidad. Todo bajo la lluvia parece desdibujarse, como una acuarela, un paisaje impresionista en el que no somos más que trazos, pinceladas de colores apagados y romos"

Diccionario breve de los Luthiers

 POLINESIA: mujer policía que no entiende razones.
CAMARÓN: aparato enorme que saca fotos.
DECIMAL: pronúncialo equivocadamente.
BECERRO: observa una loma o colina.
BERMUDAS: observar a las que no hablan.
TELEPATÍA: aparato de TV para la hermana de mi mamá.
TELÓN: TV de 50 pulgadas o más.
ANÓMALO: hemorroides.
BENCENO: lo que los bebés miran cuando toman leche.
DIADEMA: veintinueve de febrero.
DILEMAS: háblale más.
DIÓGENES: la embarazó.
ENDOSCOPIO: me preparo para todos los exámenes excepto para dos.
MEOLLO: me escucho.
TALENTO: no tan rápido.
NITRATO: frustración superada.
PLATÓN: plato grande.
REPARTO: mellizos.
REPÚBLICA: mujerzuela sumamente conocida.
ZARAGOZA: ¡bien por Sara!

¿Dónde he visto yo esto?

“aquellas viejas mangueras”

 

…los encontrabas un poco por todas partes y en cualquier ciudad: brigadas de empleados municipales con mangueras y escobas, decentando la ciudad, logrado que en aquellos amaneceres oliese a asfalto y adoquín limpio. Como si le extendieran una carta blanca de confianza y buena voluntad al día que llegaba y a las vidas que estaban a punto de reanudarse.

Recordaba aquellos manguerazos nocturnos hace cosa de una semana, en la plaza principal de cierta pequeña ciudad española, observando la actuación de uno de esos cochecitos de la limpieza con que el ayuntamiento, para ahorrarse personal y salarios y pluses, y de paso pagar comisiones, contratas, subcontratas, y comprarle material de alta tecnología al cuñado Ceferino, que es representante, sustituyen por todas partes a los concienzudos hombres del traje de pana y la anguera. Eran las diez de la mañana y el conductor del artilugio iba y venía al volante de un ingenio enano equipado con ruedas y cepillos y chorritos de agua, plisplas, de un lado a otro de la plaza, cmo en los coches eléctricos, deshaciendo, eso sí, los montones de suciedad acumulada para extender la mierda de forma mucho más equitativa, más repartida por los cuatro o cinco mil metros cuadrados de baldosines de la plaza. Una plaza que, según me contaron, es el ojito derecho el alcalde, porque debajo construyeron su aparcamiento favorito ras cargarse hasta el último árbol en un kilómetro a la redonda.

Arturo Pérez Reverte, “Aquellas mangueras de antaño”, en  Patente de corso

 

Miguel Moliner (personaje de La sombra del viento, de Ruiz Zafón)

"Miquel Moliner estaba poseído por esa enfermedad de la laboriosidad culpable y, aunque respetaba y hasta envidiaba la ociosidad en los demás, huía de ella como de la peste. Lejos de presumir de su ética de trabajo, bromeaba sobre su compulsión productiva y la describía como una forma menor de cobardía.

- Mientras se trabaja, uno no le mira a la vida a los ojos."